Después de un tiempo que no publicaba nada, ahora les doy el más reciente capítulo de… “La historia sin nombre que eventualmente tendrá un nombre” (xD).
Gracias a quienes dedican su tiempo a leer este espacio.
Y con esto, inicio el 2011 en este “el espacio donde las palabras son sólo eso”.
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
«Die sonne scheint mir aus den augen, sie wird heut nacht nicht untergehen und die welt zählt laut bis zehn: eins, hier kommt die sonne; zwei, hier kommt die sonne; drei, sie ist der hellste stern von allen; vier, hier kommt die sonne.» – Sonne, Till Lindemann
Eduardo entró a la estación “Petroleros” del Tren Eléctrico Colectivo (“Trélec”), se dirigió escaleras abajo hacia los torniquetes, sacó aquel pequeño boleto y lo introdujo por aquella rendija para poder pasar. La estación estaba vacía lo cual era muy extraño, pues eran las diez de la noche, la hora pico, pero a él no le importó, siguió caminando como si tuviese algo importantísimo qué hacer.
Se dirigía a los andenes, era un recorrido extenso y al doblar hacia la derecha en una de las “esquinas”, todo cambió de repente: el piso pasó de ser de concreto a un tipo de malla vieja y oxidada pero sólida, las paredes se enmohecieron y había manchas de sangre y restos de carne sobre éstas, el aire se volvió más denso y menos respirable y todo quedó en completa oscuridad.
Eduardo sintió que los bolsillos le pesaban un poco más, metió la mano en el bolsillo derecho y encontró una pequeña linterna la cual prendió en seguida, después metió la mano en el otro bolsillo y encontro que, en lugar de los otros boletos, había una .45mm la cual miró mientras se detenía para inspeccionarla, “Liebe” tenía grabado en la cacha y era muy ligera. De pronto, escuchó que algo se acercaba, era como el ruido de carne cruda que se arrastraba, volteó y vio una masa deforme y rosada que se dirigía hacia él, Eduardo disparó contra aquella masa, pero no logró hacerle prácticamente nada; corrió para alejarse un poco de aquella cosa pero tropezó con algo, vió que era una escopeta y revisó que estuviera cargada, así fue, la usó en contra de aquel monstruo y fue efectivo su uso.
Eduardo siguío caminando y llegó unas escaleras, subió por ellas y salió a un parque de diversiones que tenía el mismo aspecto que los andenes, miró a su alrededor y notó que en una de las rejas había un letrero con la leyenda “Wait in the pouring sun”.
Caminó un poco y, de pronto, una tonada ambientó aquel escenario, era una tonada desafinada y carnavalesca, una tonada que haría que cualquier niño que la oyese quedase aterrado y traumado de por vida, una tonada tan horripilante como lo que Eduardo vería en seguida: una masa aún más deforme cubierta de llagas y sobre la que había otros tantos bodoques con mechones de pelo, de un lado tenía un enorme ojo ambar y del otro un brazo lleno de escamas; cada vez que temblaba, un chorro de sangre plateada salpicaba a una de aquellas “sanguijuelas amorfas”; a manera de cabeza tenía una especie de tumor transparente (como casi todo el “cuerpo”) y en la que se veía latir una masa verde grisácea; no tenía piernas, no se movía, estaba estática, pero las sanguijuelas se “despegaban” del “cuerpo” para traerle comida dejándole otra enorme llaga verde.
Eduardo quedó horrorizado por aquella cosa y, aún más, cuando vio que la sanguijuela que se había alejado de eso iba directo hacia él. Sin pensarlo, apuntó la escopeta contra la sanguijuela y disparó, la sanguijuela cayó sobre aquella maya oxidada que hacía de suelo y desapareció evaporándose. Eduardo no sabía qué demonios era esa cosa pero decidió alejarse para ponerse a salvo de ella, llegó a un tiovivo que empezó a girar al “compás” de aquella tonada horrenda. Eduardo veía cómo los caballos iban de arriba abajo cuando oyó una voz que le dijo: -Jamás pensé que te vería aquí-.
En ese momento despertó…
Aún era de noche y lo único que Eduardo podía oír, desde esa habitación, era el murmullo del viento que pasaba a través de las ramas de los árboles y vagos sonidos de canciones, seguramente había una fiesta. Se levantó de la cama, se dirigió a la cocina y se sirvió agua en un vaso, pensó en dónde había oido aquella voz.
Esta vez, su meditación no fue interrumpida por alguna especie de tumulto, ni siquiera fue interrumpido; de pronto se acordó de la tarjeta que aquel muchacho le había dado, la sacó de su bolsillo y leyó:
«Licenciado Luis Cervántez de Händersen.
Escritor, novelista y periodista.
Calle Bremen, No.23, Tel. 696-4567».
“¡Qué imbécil, -pensó Eduardo- escribió ‘Cervantes’ mal!”. Le vino a la mente aquella conversación que mantuvo con él y pensó en si le marcaría o no.
Miró el reloj: 2:54 a.m. sólo había dormido tres horas, entonces, pensó: “¡Nah! Creo que mejor me voy a seguir soñando con monstruos y esas cosas”. Caminó hacia su cama y, cuando estaba a unos cuantos pasos de ésta, de pronto alguien tocó la puerta… Eduardo se quedó paralizado unos segundos, algunos minutos, horas, no lo supo bien. Dudo para ir hacia la puerta, pero fue…
Una vez frente a la puerta, no supo si preguntar o no… No quería, pero debía… ¿Debía? No, pero ¿por qué no quería? No lo sabía… ¿Acaso sería alguien conocido? De ser así ¿cómo se enteró que Eduardo estaba viviendo ahí? ¿Acaso lo había estado espiando? Eran demasiadas preguntas en tan poco tiempo.
Pronto preguntó: -¿Quién?-
-¿Aquí vive Eduardo Fragoletti?-
Eduardo se estremeció al oír que la voz era la misma que en el sueño que había tenido hace unos momentos…
D:
Una disculpa, tenía mucho sin darme tiempo para leer, pero por fin pude hacerlo (el sr obvio obviando obviedades)
Me gustó, está bastante espeluznante.
Curiosamente no me pasó por la cabeza que se trataba de un sueño y mis retorcidos pensamientos llegaron a decirme “espera, ¿qué demonios pasa aquí? ¡parece algo muy distinto!” y entonces, despertó xD
Leí el “Cervantez” y dije: “voy a matar a Ed” leí el “escribió mal” y me reí. xD
Genial, espero la próxima entrega